Cronología
1800 A principios del siglo XX son inaugurados distintos tipos de Cafés: en algunos se puede beber licor, bailar, escuchar música, incluso pernoctar. Los más exitosos son el Café de la Nación, abierto en 1826 y el Café de Rengifo y Melgarejo, que tenía la particularidad de ser danzante
1879 Con gran pompa se abre la Confitería Torres, uno de los más famosos Cafés de la época, donde, además se celebra el Centenario de Chile en 1910
1900 Nuevos y elegantes cafés literarios aparecen el capital. Los más exitosos son el Café del Gath y Chaves y el Café del Hotel Crillón
1950 Numerosos lugares para tomar café a la salida de los cines y teatros se ponen de moda. Algunos de los más frecuentados fueron: el Astoria de la calle Ahumada; el Mozart de la calle Phillips; el Café Madame Pompadour frente al Teatro Rex, y el Café Rex
1980 El ambiente santiaguino se revitaliza y se abren nuevos espacios de reunión en barrios residenciales. Los más bulliciosos son el barrio Lastarria y la Plaza Ñuñoa
2000 Se lanza el proyecto literario de Tobacco & Friends, destinado a la promoción de tertulias y encuentros en torno al diálogo cultural
la taza de café inicial que
suaviza,
entibia y endulza...
Manuel Peña Muñoz
Desde su origen, los cafés
fueron concebidos como un sitio especial para la convivencia, la conversación y
la recreación social. Abiertos inicialmente en Turquía en 1554, se extendieron
por todo el mundo árabe llegando hasta Europa, donde se instalaron los primeros
cafés en el siglo XVII. En poco tiempo, estos lugares se convirtieron en un
recinto predilecto de los escritores, intelectuales y políticos.
En Chile, los primeros cafés
que aparecieron durante la Colonia imitaron a la taberna española y hasta allí
acudían los jóvenes para jugar naipes y beber una copa. A diferencia de la
tradición europea, la vida social de los escritores chilenos estuvo
mayoritariamente relegada al interior de los hogares, prefiriéndose la casa del
poeta, el bar, el club social o la cantina para reunirse. Sólo a comienzos del
siglo XIX, los cafés proliferaron y la historia literaria y cultural de Chile
empezó a escribirse en estos lugares.
A principios del siglo XX, la
prosperidad del país se vio reflejada en los elegantes cafés que aparecieron en
Santiago y en algunas provincias. En las décadas siguientes, el ambiente
capitalino fue de mucho movimiento cultural y social, lo que incentivó la
reunión de los intelectuales en distintos tipos de locales -bares,
restaurantes, cantinas, cafeterías y salones de té-.
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